Ucero y San Bartolo en El tesoro de los Templarios de ZDF-Terra X

Templarios-ZDF-Terra-X-en-San-Bartolo-de-Ucero-1“El Tesoro de los Templarios. En busca de sus huellas por Castilla” es el documental dirigido en 1994 por Gottfried Kirchner para la serie Terra X de la televisión alemana ZDF en la que colaboré aportando algunos datos y hablando casi al final del documental.

Templarios-ZDF-Terra-X-en-San-Bartolo-de-Ucero-2La ermita de San Bartolomé, de tradición templaria, sale al inicio y en los últimos minutos del documental. También pueden verse imágenes de Tiermes, Caracena, San Baudelio y monasterio cisterciense de Santa María de Huerta. El último minuto son vistas áreas del Cañón de río Lobos y del castillo de Ucero.

Castillo-de-Ucero-ZDF-Terra-X-Templarios

Cartel del programa templario de la ZDF con la ermita de San Bartolomé al fondo.

Cartel del programa templario de la ZDF con la ermita de San Bartolomé al fondo.

Portada del Boletín de Programas de la ZDF con los templarios bajando desde el castillo de Ucero

Portada del Boletín de Programas de la ZDF con los templarios bajando desde el castillo de Ucero

Y aquí tenéis el documental completo en Youtube

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La flecha en el blanco y metanoia en San Bartolo de Ucero

la-flecha-en-el-Blanco,-Maurice-NicollEl escritor esotérico Maurice Nicoll escribió en 1952 y 1953 su libro The Mark (El Blanco), traducido al español como La flecha en el blanco, e inacabado lo publicó su hija Jane tras el fallecimiento de su padre. Un gran libro, ciertamente. Una obra que bien pudiera calificarse de complemento a otra obra anterior -El Hombre Nuevo– centrada en buena parte igualmente en la interpretación esotórico-psicológica de las parábolas de Jesús en los Evangelios.

Pues bien, leyendo algunas de sus páginas no he podido por menos que recordar dos marcas de cantería que pueden verse en los sillares de la iglesia templaria de San Bartolomé del antiguo señorío de Ucero, en el corazón del hoy Parque Natural del Cañón del Río Lobos. Estos dos signos lapidarios son, concretamente, la flecha y la ballesta, que igualmente pueden encontrarse en muchos otros templos románicos.

Nicoll, recurriendo a exégetas bíblicos, reitera que es un grave equívoco interpretativo que, dado que los evangelios fueron escritos en griego,  la palabra griega jamartáno se haya traducido como pecar con el sentido moralista que se la ha otorgado:  “La palabra que en los Evangelios se traduce como pecado quiere decir, literalmente, en el original griego, “errar el blanco”, como cuando se lanza una flecha a un punto y no se da en él. Y de su significado de errar el blanco llegó a pasar a la idea de fallar o errar en el propósito de uno, en el sentido de cometer un error”. En efecto, la Concordancia Strong ya advierte: “ἁμαρτάνω, jamartáno,  propiamente errar el blanco (y así no participar del premio), i.e. (figurativamente) errar, especialmente (moralmente) pecar: cometer pecado, pecar, practicar el pecado”. 

Marca de cantería de una ballesta en San Bartolomé de Ucero

Marca de cantería de una ballesta en San Bartolomé de Ucero

Para Maurice Nicoll, lo esencial de las enseñanzas de Cristo es que el ser humano puede transformarse en un Hombre Nuevo tras pasar por un proceso iniciado por la metanoia (mal llamada “arrepentimiento” en la Biblia) que conduce a  renacer espiritual (nacer de nuevo para entrar en el Reino de los Cielos, en la terminología de los Evangelios): “Esta transformación del hombre puede tomarse como EL BLANCO al cual apuntar. Puede que uno jamás lo vea y que nunca lo logre. O puede que tenga mala puntería. Pecar es errar el blanco. El término griego άμαρτάνω (jamartáno) significa, efectivamente, ‘errar el blanco’. Pero se ha traducido como ‘pecado’. Se trata de una palabra que se empleaba en ballestería, cuando el tirador no daba en el blanco. Parece claro, entonces, que no podemos entender correctamente la idea del pecado a menos que logremos alguna idea del blanco a que hemos de apuntar. Pecar es errar el blanco”.

Un blanco que, en el Antiguo Testamento, son los Diez Mandamientos. No cumplirlos, nos dicen los textos traducidos, es pecar, hallarse en pecado. Y curiosamente, como acontece en griego, el significado etimológico del hebreo es el mismo: en hebreo, pecado es jattâ’âh, del verbo jâtâ (errar el blanco).

Signo lapidario de una flecha en San Bartolomé de Ucero

Signo lapidario de una flecha en San Bartolomé de Ucero

En el Antiguo Testamento los Profetas hablan del Reino de los Cielos en el Más Allá, Juan el Bautista lo anuncia como posible en el presente aunque todavía basándose en la Ley mosaica literalista, pero Jesús le da un sentido esotérico, interior y en un “aquí-ahora” que trasciende la sensorialidad cognoscitiva en el tiempo-espacio (“El reino de Dios dentro de vosotros” Lucas 17:21). Jesús se presenta como Hijo de Dios y, en las cartas paulinas, queda claro que la cristificación es la finalidad, el telos (τελος), el Blanco, “ser hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos, VIII, 29).

Se dice habitualmente que hay que arrepentirse del pecado cometido pero, así como “pecar” es fallar en el blanco principal, “arrepentirse” está igualmente mal traducido puesto que la palabra griega que se escribió en los evangelios no es realmente “arrepentimiento” sino metanoia, que tiene un valor iniciático anulado por el moralismo implícito en la exégesis corriente penitente.

A este respecto dice Nicoll: “La palabra que en todo el Nuevo Testamento aparece traducida como arrepentimiento es la palabra griega ‘meta-noia’ (μετανοια) que significa transformar la mente… ¿Por qué, entonces, la palabra arrepentimiento resulta inadecuada? O, dicho de un modo más preciso, ¿por qué constituye aquí un error? La palabra castellana ‘arrepentirse’ proviene del latín ‘poenitare’ que quiere decir tener pena. Penar, sentir pena, lamentar, es un estado de ánimo que todos experimentamos de vez en cuando. La palabra griega ‘metanoia’ yace muy por encima de este significado. No se refiere a un estado de ánimo. No contiene ni la menor sugestión de pena o lamentación. Se refiere a una nueva mente, y no a un nuevo corazón, pues es del todo imposible cambiar el corazón, cambiar la manera de sentir, sin haberse hecho una mente nueva. Y una mente nueva significa una nueva manera de pensar, una modalidad de pensamiento totalmente nueva, con ideas nuevas, con nuevos conocimientos, con una actitud enteramente nueva hacia todo en la vida. A pesar de lo mucho que se ha dicho y escrito acerca de esta palabra de tan tremendo significado, y acerca de su errada interpretación, y a pesar de que muchos eruditos han insistido una y otra vez en que el término ‘arrepentimiento’ no es su traducción verdadera y exacta, todas las traducciones ordinarias del Nuevo Testamento aún llevan la palabra ‘arrepentimiento’, implicando con ello que lo que se enseña es un cambio moral y no mental”. 

Nicoll aplica la metanoia a las palabras de Jesús a sus apóstoles en Lucas, XIII, 1-5 de “arrepentirse”  para poder salvarse, esto es, tener unos conceptos mentales distintos en orden a no errar el blanco y poder así enfocar la atención hacia el prototipo de Hombre Nuevo renacido (Cristo) que les posibilitaría entrar en el Reino de los Cielos: “Y así se nos aclarará el diálogo. Los discípulos piensan erradamente, y Jesús no les responde en el sentido de “si no os arrepintiereis”, sino en el sentido de “si no pensareis muy diferentemente”; o sea, si no se cambia de manera de pensar. Les advierte que, de otro modo, quedarán sujetos y petrificados y no podrán huir del destino común que aguarda a la generalidad de las personas que siempre parten de lo aparente, de lo visible; en suma, que parten de los sentidos o derivan sus opiniones de las pruebas tangibles. El primer paso es la metanoia… Lo que Jesús en realidad dice a sus discípulos es: “A menos que cambiéis de manera de pensar, pereceréis como han perecido ellos.” Este es el primer ejemplo que muestra con toda claridad lo que enseñó acerca del significado de esa difícil palabra: metanoia… Al tratar con sus discípulos del significado de esta palabra, Jesús enseñó un estado subsiguiente, cuyo término técnico es renacimiento. Es el estado que sigue a la transformación mental. Pero ambos, Juan Bautista y Jesús, enseñaron otra idea. Juan predicó la metanoia y el ‘Reino de los Cielos’; Jesucristo, hablando a Nicodemo,. enseñó el renacimiento y el ‘Reino de los Cielos.’..”

Y aquí concluyo este post que contextualiza las dos marcas de cantería citadas en unas enseñanzas esotéricas que tal vez conocieran algunos templarios.

Una romería a San Bartolomé con fotos de la década de 1910

En el Catálogo Monumental de Soria que realizó Juan Cabré y Aguiló entre julio de 1911 y marzo de 1917 se encuentran dos páginas dedicadas a la ermita de San Bartolomé en el Cañón del Río Lobos, perteneciente durante siglos al señorío de Ucero y, según reconocen los cronistas diocesanos de Osma, iglesia que fue de los templarios correspondiente al monasterio de San Juan de Otero que, inicialmente, debió estar en el cerro donde se encuentra el castillo de Ucero, como he señalado en muchos artículos y libros (véase: Guía templaria de San Bartolo en río Lobos). Esta obra, en varios tomos, sigue estando en manuscrito y sin publicar en formato de libro.  Las fotografías de la romería del 24 de agosto que acompañan al texto son extraordinarias como documento histórico-etnográfico.

Carros  con sus yuntas junto al olmo y la ermita de San Bartolomé de Ucero en foto de Juan Cabré (como todas las demás)

Carros con sus yuntas jutno al olmo y la ermita de San Bartolomé de Ucero en foto de Juan Cabré (como todas las demás)

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Viejos artículos templarios sorianos

Mirando hoy mi hemeroteca he encontrado dos de mis primeros artículos sobre los posibles enclaves templarios en la provincia de Soria. En el primero de ellos, publicado en Diario de Soria en julio de 1992, con motivo del I Simposio Internacional del Temple (organizado por la OSMTJ), más que nada listaba tales lugares partiendo de las investigaciones que había realizado en Soria el ensayista Antonio Ruiz Vega. En el segundo artículo, publicado en la renacida Revista de Soria, segunda época, nº 1 (verano de 1993), dedicaba ocho páginas a las leyendas Templarias y a las pocas referencias históricas que conocía entonces sobre el Temple soriano.

He aquí la portada titular de este ensayo de 1993.

Temple-en-Soria,-cabecera-artículo-de-1993

Y he aquí una pequeña parte del artículo Lee el resto de esta entrada »

San Bartolomé de Ucero, su pentáculo se invierte al fotografiarlo

El óculo del pentáculo acorazonado mandálico de la ermita templaria de San Bartolomé de Ucero, en el Cañón del río Lobos, aparte de su extraordinario simbolismo que llevo explicando desde hace años, y últimamente en Guía templaria de San Bartolo en río Lobos, tiene un efecto óptico-fotográfico que algunos conocen: la estrella de cinco puntas queda invertida.

Es un reflejo invertido, cual acontece con un espejo o un estanque de agua, entre el objeto y su imagen… El alarife sufi-mudéjar de este óculo-celosía-rosetón de la ermita templaria de San Bartolomé, en río Lobos, debe estar muy complacido de que el simbolismo del “reflejo” exista también en su obra maestra, gracias a la técnica fotográfica.

San Juan de Otero, el Temple en Villaseca de Arciel pero no en Peroniel del Campo

Para ir cerrando el tema del convento templario de San Juan de Otero, una vez criticada la ubicación dada por Rades y Andrada del San Juan de Otero templario,  voy a abordar ahora la propuesta de Gonzalo Martínez. Este prestigioso académico desecha la ubicación dada por Loperráez (1788) en San Bartolomé de Ucero y, sorprendentemente cree localizarlo en un lugar en donde nadie, hasta ese momento, lo había hecho, en Peroniel del Campo, donde no se conoce tradición oral ni escrita templaria alguna además. Recurre este investigador a Rades y Andrada en las tres leguas que da a la ubicación de San Juan de Otero con respecto a Soria pero, desconociendo plenamente que se refiere concretamente al Cerro de San Juan existente al norte de la ciudad (entre Portelrubio-Fuentelsaz y Matute de la Sierra-Portelárbol), no duda en afirmar que esas tres leguas hay que contarlas hacia el este de la ciudad de Soria. Y lo hace quizás basándose exclusivamente en su propia facultad imaginativa y al entrelazar algunos datos como apoyo, y aun así se le ha dado crédito por doquier en libros diversos sobre el Temple y en artículos varios publicados en internet.

En “Los Templarios en la corona de Castilla” (1993), rechaza la ubicación dada por Loperráez en la ermita de San Bartolomé dado que no se encuentra en ningún otero y, además, la advocación del templo no está dirigida a San Juan (aunque sí que hay en el altar mayor un cuadro con San Juan Bautista y el Agnus Dei). Como he reiterado muchas veces lo más obvio es pensar que el convento templario de San Juan de Otero existente durante el papado de Alejandro III y, sobre todo, en 1170, se ubicaría en el cerro del castillo de Ucero, en su otero, y que tras las Navas de Tolosa los templarios pasaron al Cañón del río Lobos, donde construyeron la ermita de San Bartolomé en el primer tercio del siglo XIII (véase mi libro Guía Templaria de San Bartolo en río Lobos).

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San Juan de Otero, la adscripción templaria dada por Rades y Andrada

Como he reiterado días atrás en mi ensayo Templarios en San Juan de Otero, razones históricas de su establecimiento publicado en Soriaymas, diversos historiadores de la Orden del Temple en España han ido citando una bula del papa Alejandro III (1159-1181) en la que se indica que los templarios tenían en la diócesis de Osma un convento con la advocación de San Juan de Otero. Al parecer, el primero en citarlo fue Esteban de Garibay y Zamalloa (1533-1599), o tal vez fuese el cronista de las tres grandes Órdenes Militares española, frey Francisco Rades y Andrada en la crónica de Calatrava (1572). La bula papal, por cierto, no se ha encontrado todavía por parte de la historiografía contemporánea, pero el hecho de que los dos historiadores citados, partiendo de documentos distintos, hablen de San Juan de Otero como convento templario es para mí prueba evidente de su realidad.

¿Pero dónde estaba San Juan de Otero? Aquí es donde divergen sus “localizadores”. El cabildo de la Catedral de El Burgo de Osma acepta que se encuentra en el señorío de Ucero y esa es la tesis oficial eclesiástica que se ha plasmado bibliográficamente desde el siglo XVIII y  que, por mi parte, he aceptado siempre con el matiz de que el San Juan de Otero templario existente durante el pontificado de Alejandro III se encontraba en el cerro-otero del castillo de Ucero y que, tras las Navas de Tolosa, se trasladaron dentro del Cañón del río Lobos junto a la actual ermita protogótica de San Bartolo que bajo sus auspicios se construyó en el primer tercio del siglo XIII (lo explico igualmente en mi Guía templaria de San Bartolo en Río Lobos).

San Juan de Otero en Rades de Andrada Lee el resto de esta entrada »